Obstáculos, dificultades y sorpresas en el camino hacia Rothbard – Recuerdos personales

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    Conferencia dictada en la conmemoración del centenario del nacimiento de Murray N. Rothbard, el 27 de Junio de 2026. Oporto, Portugal.

    Muchas gracias a todos. Seguiré un estilo ligeramente diferente al de mis clases anteriores. Además, no soy muy experto en tecnología. No habrá diapositivas de ningún tipo. Mi objetivo es contarles un poco, paso a paso, sobre cómo me convertí en rothbardiano. ¿Qué obstáculos se interpusieron en mi camino? Los pasos no están en orden cronológico, pero de alguna manera podrán comprender cómo una buena persona como yo terminó convirtiéndose en rothbardiano al final de su vida.

    No tuve padres ni familiares directos que fueran libertarios. De hecho, nací poco después de la Segunda Guerra Mundial. Y, en cierto modo, asimilé todo aquéllo que era enseñado como correcto y verdadero en aquel entonces en Alemania Occidental. Mis padres eran refugiados. Mi madre era una gran terrateniente en Alemania Oriental, la que fue expropiada. Mi padre fue prisionero de guerra de los estadounidenses, y sólo me lo contó al final de su vida. Me contó, por ejemplo, cómo trataban los estadounidenses a los prisioneros de guerra alemanes. Estuvieron rodeados en campos de concentración, y decenas de miles murieron de hambre, arrastrándose hasta el Rhein en busca de agua, sin ayuda de civiles alemanes, a quienes no les estaba permitido enviar paquetes ni nada parecido a estos prisioneros de guerra. Pero estos hechos siguen siendo desconocidos, porque eran tabú.

    Así que, cuando yo era niño, Estados Unidos era la mayor potencia, y todo lo que aprendíamos como normal y parte de la vida cotidiana, eran cosas que los estadounidenses, en una especie de campaña de reeducación, enseñaban a los nuevos alemanes, entre los que me incluyo, naturalmente. Por lo tanto, era absolutamente normal que tuviéramos democracia, que tuviéramos leyes, que tuviéramos papel moneda, que tuviéramos gobiernos a cargo de la infraestructura, y que los alemanes fueran culpados de todo lo malo que había sucedido en el mundo en el siglo XX. Todos nuestros padres eran considerados culpables. No era necesaria ninguna prueba. Era un hecho evidente que los alemanes eran malas personas. Después de todo, habíamos perdido dos guerras. La Primera Guerra Mundial fue causada por Alemania. La Segunda Guerra Mundial fue causada por Alemania. Y todos los alemanes eran, de alguna manera, responsables de haber hecho daño a los judíos. Ésta era la visión dominante que era predicada y enseñada a todos los alemanes de mi generación.

    Entonces, poco a poco, surgieron preguntas en mi mente. Todos entendíamos qué era la autoridad paterna y, por supuesto, como la mayoría de la gente, a veces también teníamos dificultades con nuestros padres. Pero era posible eludir esa autoridad. Había una salida. En algún momento podías irte de casa y librarte de la autoridad que tus padres ejercían sobre ti. Con la democracia era muy diferente. Así que surgieron mis primeras dudas sobre la democracia. No había escapatoria. También era obvio que no existía ningún contrato con quienes te gobernaban. Eras un súbdito. Nunca aceptaste pagar impuestos. Nunca aceptaste las leyes que eran aprobadas e impuestas sobre tu conducta o tus bienes. Había personas que te gobernaban, y nunca las elegiste. Sí, había elecciones. Pero quienes finalmente llegaban al poder, no eran personas que conocieras personalmente, a quienes les hubieras confiado algo. No sabían nada de ti, y tú no sabías nada de ellos. Fue una revelación sorprendente.

    Así que, en cierto modo, al crecer, leer y volvernos un poco más inteligentes, también descubrimos que muchas de estas personas no eran precisamente muy inteligentes. Basta con mirar a los políticos actuales. Por ejemplo, fíjense en el Sr. Biden o el Sr. Trump, que obviamente están seniles y deberían estar en un manicomio, en lugar de gobernarnos. Ésto también es aplicable a los políticos en Alemania. Por ejemplo, tuvimos una ministro de Asuntos Exteriores durante cuatro años; su única calificación era que era muy buena saltando en trampolín. Pero, aun así, representó a Alemania ante el resto del mundo. Tuvimos un ministro de Economía que no sabía qué era la insolvencia de una empresa. Pero era ministro de Economía en Alemania. Y estoy seguro de que también se encuentran muchos ejemplos similares en Portugal.

    Descubrí que si existe una institución con capacidad para recaudar impuestos y legislar, dicha institución tiende a crecer continuamente. Si pueden ser recaudados impuestos, es lógico preferir más impuestos que menos. Si pueden ser creadas leyes, tienden a ser creadas leyes que beneficien a uno mismo, independientemente de las consecuencias para los demás. Un estado mínimo, quizás muy pequeño al principio, tiende a crecer sin cesar. El número de empleados en el estado o que dependen del mismo, aumentará continuamente. Hay un secretario, pero este necesita un subsecretario, y éste, a su vez, un subsecretario adjunto. Por lo tanto, el número de empleados en el Estado y que dependen del mismo, recibiendo sus salarios de los impuestos, aumentará continuamente. Y el número de personas que deben pagar los impuestos para mantener a todos estos empleados, disminuirá continuamente, lo que, en última instancia, resulta en un empobrecimiento general de la sociedad.

    Así pues, descubrí, naturalmente, que el principio mismo del gobierno de la mayoría es, de alguna manera, un principio inmoral. Conduce al relativismo. ¿Depende la verdad de la mayoría? La respuesta es que la verdad no tiene nada que ver con las mayorías. ¿Depende la justicia de las mayorías? La respuesta es que la justicia no tiene nada que ver con las mayorías.

    Todas las lecturas de diferentes autores me ayudaron en estos descubrimientos. Entre ellas, las más importantes, por supuesto, fueron las de Rothbard. Entonces descubrí qué clase de sistema de justicia es éste en el que una sola persona, en cada caso de conflicto con otras personas, puede decidir quién tiene razón y quién no. Es decir, si tienes un conflicto con el estado, te quejarás de lo que te hizo algún agente estatal. ¿Quién decide entonces quién tiene razón en este conflicto? Un empleado de la misma empresa con la que tuviste el conflicto. Tienes un conflicto con un policía, presentas una queja al respecto, ¿quién decide si tenías razón? Un juez que es empleado de la misma empresa que también emplea al policía. Se puede predecir con bastante certeza que ésto no conducirá a veredictos justos, sino a veredictos sistemáticamente injustos en casi todos los casos.

    Ahora, pasemos a la cuestión de la guerra y de la culpabilidad por la guerra. Mis lecturas indicaron que las cosas no siempre fueron tan simples como nos enseñaron en la escuela. Recuerden que mencioné que todos los libros de texto en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial fueron certificados por las fuerzas de ocupación. Alemania, como muchos otros países de Europa, es en cierto modo un estado vasallo de Estados Unidos, como lo demuestra el hecho de que Estados Unidos tiene tropas estacionadas por toda Europa. Después de la Primera Guerra Mundial, las tropas estadounidenses se retiraron a Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos permaneció en Europa. Hay tropas estacionadas en Alemania. Hay tropas estacionadas en Portugal. Hay tropas estadounidenses estacionadas en Italia, España y Turquía. Prácticamente no hay ningún país en Europa que no tenga tropas estadounidenses estacionadas. Imaginen si fuera al revés. Si hubiera tropas alemanas, portuguesas y turcas estacionadas en Estados Unidos, ¿qué diría Estados Unidos en ese caso? Dirían: “No somos un país soberano”. Obviamente, lo mismo es aplicable a Alemania. Todos los libros fueron certificados por las fuerzas de ocupación en Alemania. Y lo que presentaban como versión correcta de la historia moderna era que la Primera Guerra Mundial fue culpa de Alemania. Era evidente que Estados Unidos no se vio amenazado por Alemania en la Primera Guerra Mundial. Estados Unidos estaba protegido por dos océanos. Y fue una guerra intraeuropea. Estados Unidos se involucró en la guerra y, en cierto modo, decidió el resultado de la Primera Guerra Mundial, porque Inglaterra lo persuadió para que se uniera. ¿Cuál fue el resultado de la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial? Surgieron el nazismo, el fascismo y el comunismo en Europa. Estados Unidos se involucró en la Segunda Guerra Mundial. De nuevo, no había razón alguna: Alemania no amenazaba a Estados Unidos. Alemania ni siquiera declaró la guerra. Los primeros países que declararon la guerra a Alemania fueron Inglaterra y Francia. Todo ésto no era enseñado en la escuela. Siempre era Alemania la que iniciaba las guerras, y nosotros éramos los únicos culpables. ¿Cuál fue el resultado de la Segunda Guerra Mundial? Estados Unidos ascendió a la posición de potencia suprema en el mundo, y el resultado fue que toda Europa Central y Oriental se volvió comunista.

    ¿Por qué Estados Unidos se involucró en estas guerras y continúa haciéndolo hasta el día de hoy? Después de la Segunda Guerra Mundial, ningún otro país del mundo ha bombardeado tantos países como Estados Unidos. ¿Por qué? Todo ésto puede ser mejor comprendido con Rothbard. Existe lo que yo llamo la paradoja del imperialismo. Todos los estados buscan expandir su territorio y su área de influencia. Existe una tendencia hacia un estado mundial. ¿Qué países avanzarán más por este camino? Aquellos países que son internamente liberales, comparativamente más liberales, y Estados Unidos es internamente relativamente liberal en relación con la mayoría de los demás países. Gracias al mayor poder económico que resulta de ser internamente liberal, tienen mayores probabilidades de ganar guerras y expandir sus territorios. Por lo tanto, paradójicamente, son los países que parecen ser los más amables, los más libres, los que tienden a seguir la política exterior más agresiva. Ésto explica, en mi opinión –y también en la de Rothbard–, las tendencias imperialistas que se observan particularmente en Estados Unidos.

    También debo mencionar que es fácil entender por qué los estados tienden a ser más agresivos que los ciudadanos particulares, o incluso que los grupos mafiosos o pandilleros, por la sencilla razón de que los ciudadanos particulares o las bandas privadas luchan entre sí; tienen que asumir los costos que implica la lucha: puede haber heridos, necesitan armas y existen implicancias económicas en ese tipo de problemas. Pero si se tiene un estado, el costo de la agresión es externalizado a otros. Se puede reclutar gente para el ejército. Personas que no tienen nada que ver con las empresas bélicas en el resto del mundo ni interés alguno en las mismas, pueden ser gravadas con impuestos y obligadas a financiar a quienes sí están interesados ​​en conquistar otros países y en controlar la política en otros países.

    Luego, otra cosa que aprendí, especialmente después de mudarme a Estados Unidos, fue la importancia de la política monetaria. Me quedó cada vez más claro que la institución más importante para un estado, y la fuente de su poder, es el banco central. La abolición de una moneda mercancía como el oro y la plata. La sustitución del dinero mercancía por dinero fiduciario, por papel moneda o dinero electrónico que puede ser creado a voluntad, que puede ser creado de la nada. Es más fácil enriquecerse a costa de los demás imprimiendo más dinero, que imponiendo impuestos cada vez más altos. Ningún estado renunciará fácilmente, si es que alguna vez lo hace, a este privilegio de ser el monopolista de la impresión de dinero. Y recibirás un enorme apoyo de todo tipo de personas en cuanto descubran que tienes el privilegio de imprimir dinero de la nada. Siempre les decía a mis alumnos: imagina que fueras la única persona en el país que pudiera imprimir dinero y que todos los demás que lo hicieran fueran arrestados como falsificadores. ¿Cuántos amigos crees que tendrías al día siguiente, algunos de los cuales ni siquiera sabías que existían? Todos pensarían que los rescataste de cualquier tipo de dificultad porque tienes la varita mágica. Por esta razón, von Mises y, por supuesto, Rothbard, también fueron firmes opositores de la banca central y del papel moneda. Ésto también te permite ir a la guerra mucho más fácilmente que sin un banco central que pueda crear dinero de la nada. Si tuvieras que pedir dinero prestado al público, es posible que éste a veces no cooperara, pero si simplemente puedes imprimir el dinero para la guerra, ¡listo!, es mucho más fácil.

    Otra cosa que descubrí –y que cuando era más joven no parecía ser un problema en Europa– es que Estados Unidos era una sociedad multicultural. En Estados Unidos había personas negras. Había diferentes razas en Estados Unidos. Alemania era relativamente homogénea. Creo que Portugal, hasta hace poco, también era muy homogéneo. Francia era muy homogénea. La mayoría de los países de Europa eran grupos bastante homogéneos, gente muy similar. Estados Unidos era muy diferente en ese sentido. Y lo que sucedió allí fue que, primero, hubo discriminación obligatoria contra las personas negras, por ejemplo. Las personas negras no podían hacer ciertas cosas. Y luego eso fue revertido por completo. Es decir, en lugar de simplemente decir que todas esas leyes de discriminación obligatoria serían abolidas, las revirtieron y dijeron: ahora tenemos que compensar la discriminación, la discriminación injusta que existía antes. Ahora tenemos la no discriminación obligatoria, que es llamada acción afirmativa en Estados Unidos, lo que significa que tenemos que dar a esas personas privilegios especiales, lo que obviamente causó tremendos problemas y aumentó el odio racial a niveles que no existían antes. Las escuelas que antes estaban segregadas ahora estaban integradas obligatoriamente, y esta no discriminación, o no discriminación obligatoria, fue extendida a grupos cada vez más numerosos. Así, el siguiente grupo discriminado que descubrieron fueron las mujeres. Y luego, los homosexuales, las lesbianas, los transexuales, etc. De esta manera, se produjo una inexplicable perversión de la justicia, y Europa siguió el modelo estadounidense. Claro que no tan rápidamente, porque el problema inicial, es decir, el problema racial entre negros y blancos, no existía en esa magnitud en Europa. Pero en cuanto la medida fue extendida a las mujeres, los homosexuales, las lesbianas, etc., todo este fenómeno se popularizó en Europa.

    También aprendí entonces que es importante no sólo conocer las diferencias entre las distintas razas y los distintos sexos. Es un error creer que hay que fijarse sólo en los individuos. No sólo los individuos son diferentes entre sí, sino que también los grupos de personas son diferentes entre sí. A veces no tienes suficiente información sobre las personas a nivel individual para tomar decisiones sobre qué hacer con este o aquel tipo. A veces no tienes información y tienes que tomar una decisión basándote en tu conocimiento de promedios. Sabes que si te encuentras con un grupo de chicas que regresan a casa de noche después de una fiesta, y un grupo de, digamos, hombres negros que regresan a casa de noche, y tienes que elegir por qué lado de la calle caminar para no ser asaltado, es bueno saber qué grupo es posiblemente menos agresivo y cuál es posiblemente más agresivo. Este tipo de ideas se han convertido prácticamente en un tabú en Estados Unidos. Y lo que aprendí –y de nuevo, Rothbard me ayudó con ésto– fue que hay que ser selectivo. Discriminar entre personas y grupos de personas es algo bueno. En el pasado, cuando la gente decía que esta persona tenía buen gusto, significaba que esta persona sabía cómo desenvolverse en el mundo. Hoy en día, si la gente dice que esta persona es selectiva, es considerado algo negativo. Yo soy selectivo. Hay mucha gente que se declara libertaria. Jamás querría juntarme con ellos. Y hay mucha gente que no es libertaria, pero que se comporta de una manera que considero educada, buena y admirable; me gustaría pasar tiempo con ellos y tenerlos como vecinos; y también muchos libertarios con quienes no querría tenerlos como vecinos. Por lo tanto, la discriminación es algo muy importante.

    Por último, debo mencionar, retomando el asunto del que habló Saifedean. También aprendes quién es la clase dominante en Estados Unidos. La clase dominante son las personas sobre las cuales no puedes hablar, y en Estados Unidos no puedes decir que Estados Unidos está gobernado por la élite judía. Todos los puestos académicos importantes, todos los puestos importantes en Hollywood, en la prensa, en los periódicos, incluso en la política, están predominantemente ocupados por judíos. Pero eso es algo que no debe ser dicho. No debemos señalarlo. Además, la política exterior estadounidense está dominada por influencias judías. Israel tiene una enorme influencia en Estados Unidos. Los grupos de presión judíos son los más poderosos que existen en Estados Unidos. Destruyen carreras. No se consigue trabajo si se han dicho ciertas cosas sobre ciertos tipos de personas. Fueron precisamente estos grupos de presión los que destruyeron la carrera de Rothbard. Rothbard fue muy crítico con el poder de los grupos de presión judíos y el poder de las élites judías respecto de la política exterior estadounidense y su implacable intento de destruir países en Oriente Medio. Por lo tanto, su carrera se vio perjudicada y arruinada, a pesar de su enorme talento –su talento sin parangón–, por sus propios “compañeros de partido”.

    Hablar de este tipo de cosas –de discriminar entre diferentes personas, de conocer los talentos o las ideas de ciertos grupos e individuos– es muy peligroso. Animo a la gente a que tenga el valor de no dudar en señalar estas cosas. No soy la persona más popular entre los libertarios por hacer este tipo de comentarios. Deberían ir a alguna convención del Partido Libertario y se sorprenderán de la gente que verán allí: no son muy agradables. Por lo tanto, como libertarios, también debemos esforzarnos por ser personas exitosas, por tener algo que mostrar, por estar orgullosos de nuestros logros, y por comportarnos de una manera que lleve a otros a intentar emular lo que hacemos, y no de una manera que cause repulsión en los demás cuando vean lo que hacemos.

    Muchas gracias.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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