Sobre la mentalidad de rebaño

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    Ya no confío en “nosotros el pueblo”, debido a los poderes que lo influyen. Los medios de comunicación y la educación gubernamental moldean sus ideas generales sobre la realidad y la gobernanza. Por lo tanto, no se trata de que el votante elija a los políticos. En cambio, el sistema condiciona y adapta al votante a los deseos de las autoridades.

    En las democracias, la gente trabaja y paga impuestos, demasiado ocupada como para informarse fuera de las fuentes oficiales. Verá que les importa mucho más el próximo iPhone, que la filosofía política. De quienes tienen algún interés, 95% simplemente sigue la línea del partido, compartiendo la misma opinión que el principal medio de comunicación que escuchan. Carecen tanto del deseo como del tiempo para ampliar sus horizontes.

    El propósito de los medios es moldear el pensamiento de la gente hacia un objetivo preestablecido, razón por la cual tanto los votantes republicanos como los demócratas defienden firmemente las posturas generales de sus partidos, repitiendo los mismos argumentos. La gente no crea ideas; los medios les imponen sus pensamientos para que los consuman, los asimilen y los repitan como loros. En política, rara vez pensamos por nosotros mismos. Nos inculcan qué pensar.

    Si Ud. ve PBS, MSNBC y lee el periódico local durante seis meses, obtendrá una visión y comprensión particular del mundo. Luego, si escucha The Mike Church Show, The Blaze y The Daily Wire, no sólo obtendrás otra perspectiva, sino un mundo completamente distinto de hechos y acontecimientos. El mundo en el que la gente cree vivir puede ser totalmente diferente según sus fuentes de noticias.

    Disfrutamos viendo al enemigo humillado, lo que explica por qué quienes están inmersos en la política adoran sus medios de comunicación preferidos; vuelven una y otra vez, como un adicto. Las cadenas se aseguran de que sus “expertos” se alineen con la visión del mundo que ellos y su audiencia desean. Quienes ven PBS, BBC, etc., esperan que les sea presentada una perspectiva específica. Los espectadores de Fox News exigen lo mismo. Al hacer ésto, fomentamos y, a la vez, nos aseguramos de que nos engañen.

    En su libro Democracia para realistas: Por qué las elecciones no generan un gobierno receptivo, los profesores Christopher H. Achen y Larry M. Bartels argumentan, basándose en una investigación exhaustiva, que los votantes no deciden la plataforma ni el programa de los partidos. En cambio, son los partidos quienes controlan la “ideología” de sus votantes. Cuando el partido con el que se identifica un votante cambia de postura, los individuos también cambian la suya. Descubrieron que el individuo adopta rápidamente las opiniones de su grupo; con el tiempo, ignora o modifica sus propias opiniones, para adaptarse al colectivo con el que se identifica. Achen y Bartels escribieron: “La pertenencia a un grupo determina en gran medida las posturas políticas, y no al revés”.

    A mediados del siglo XIX, Philip C. Friese escribió: “La principal función de un partido es crear opinión pública”. La intención de los partidos nacionales no es representar a la gente a nivel local, sino formar un poderoso conglomerado capaz de obtener apoyo económico e influir en el poder político. Los medios de comunicación de un partido proclaman a sus seguidores qué es permisible y quién es el enemigo. Debido a nuestros prejuicios, invitamos a tales proclamaciones y las adoptamos con facilidad.

    Achen y Bartels señalan pruebas contundentes de que nuestros ideales políticos están basados en la lealtad a nuestro grupo, lo que influye en nuestra percepción de los acontecimientos y de la realidad. Incluso nos engañamos a nosotros mismos haciéndonos creer que nuestro partido está más cerca de nuestras posturas que lo que realmente está. Modificamos su posición a nuestro antojo. Ésto podría explicar por qué depositamos tanta esperanza en los nuevos candidatos, y nos decepcionamos cuando no cumplen sus promesas (o lo que creíamos que nos prometían).

    Achen y Bartels descubrieron que las ideologías de los votantes son simplemente un reflejo mecánico de lo que sus líderes de partido favoritos les han inculcado. Incluso los votantes “bien informados” votan según su “identidad social”, lo que explica por qué los políticos siempre están categorizando y creando nuevas identidades grupales, emitiendo órdenes y promoviendo causas políticas para esos grupos. La lealtad al grupo prevalece por sobre la política preferida del votante, quien simplemente se adapta al partido a medida que éste evoluciona.

    Un gobierno centralizado debe controlar a una población grande y diversa, por lo que, para funcionar, fomenta el pensamiento de grupo. Demonizan al individuo y fomentan la mentalidad colectivista. H. L. Mencken observó:

    “En su esencia, todo gobierno es una conspiración contra el hombre superior: su único objetivo permanente es oprimirlo y debilitarlo … Una de sus funciones principales es regimentar a los hombres por la fuerza, hacerlos lo más parecidos posible y lo más dependientes unos de otros, buscar y combatir la originalidad entre ellos”.

    Para el gobierno, no somos más que una masa de animales con diversos intereses, los que necesitan ser controlados. Sería imposible gestionarnos como individuos; es mucho más fácil arrearnos en grupos y mantenernos dentro de nuestro colectivo designado. Para asegurar la continua discordia entre nosotros, de maneras cada vez más ingeniosas los políticos crearán categorías de personas hasta entonces desconocidas, a las que enfrentar entre sí. Estos grupos obtendrán apoyo de los políticos, a cambio de convertirse en una sola masa, una sola identidad, capaz de ser dirigida y movilizada como una unidad.

    Cada vez que surge un nuevo tema colectivista, organizaciones, empresas, personas, etc., en todo el país compran nuevas pegatinas para coches, repiten nuevos slogans, y exhiben carteles que anuncian su apoyo a la nueva moda. Están dispuestos a ser conducidos en cualquier dirección que tome el grupo. El tema no importa; puede ser algo que antes condenaron, pero una vez que la masa ha adoptado el tema y se les está guiando, lo seguirán al pie de la letra.

    Si observan cualquier cobertura informativa de unas elecciones, verán cómo clasifican a los votantes y las zonas en grupos a los que deben seguir. Por ejemplo, este condado tiene muchas mujeres suburbanas que votarán de esta manera. Esta zona urbana y afroamericana favorecerá mayoritariamente a este candidato. Nos condicionan a seguir a nuestra masa y a nuestros “intereses” preestablecidos, para que nos enfrentemos unos a otros. Por ejemplo, se supone que los negros deben pensar y votar de cierta manera. Si no lo hacen, si se desvían de su grupo, dejan de pertenecer al msmo. Según dijo ya Joe Biden, si Ud. es negro y no vota por su grupo, “no eres negro”. Los libertarios y conservadores negros han perdido su identidad negra ante los ojos de una sociedad colectivista. Son tachados como traidores o sumisos cuando se apartan de sus roles raciales y políticos impuestos. Del mismo modo, los pecados ya no son individualmente cometidos, sino que son atribuidos al “colectivo”; esperamos que los blancos se autoflagelen por los pecados pasados ​​cometidos por su grupo racial.

    Supongamos, con razón, que las democracias occidentales otorgan más libertad a sus ciudadanos que el comunismo. De ser así, podemos considerar a los ciudadanos democráticos como rebaños de ganado en una granja de pastoreo libre. Y los ciudadanos comunistas son como vacas en una granja industrial, ya que el gobierno controla sus vidas de forma casi demoníaca. En ambos casos, nuestros cuidadores nos llevan de un lugar a otro, nos mantienen en movimiento en grupos, guiándonos con delicadeza para nuestro “bien”, pero aun así nos confinan a lo que consideran zonas de pastoreo permitidas.

    No debemos seguir a la manada, sino convertirnos en individuos. Está bien si la manada va por cierto camino y estamos de acuerdo, pero no lo hagamos sin pensarlo sólo porque los demás lo hagan. Se dice que el emperador romano Marco Aurelio afirmó: “El objetivo de la vida no es estar del lado de la mayoría, sino evitar encontrarse entre las filas de los insensatos”.

    Los partidos nacionales promueven la mentalidad de rebaño (la única forma de crear bloques de poder en una democracia), y comenzamos a ver como peligrosas a las minorías ajenas al colectivo. Entendemos a nuestra manada como si fuera una familia: un colectivo que nos brinda seguridad, amistad y protección. Encontramos consuelo, pertenencia, sentido, etc., dentro del grupo al que pertenecemos. Con el tiempo, esta tendencia crece, dejando atrás la individualidad a medida que nos integramos en nuestra nueva familia. Dentro de esta burbuja, recibimos de otros miembros afines un estímulo que nos retroalimenta; nos distanciamos de los forasteros y nos volvemos protectores de nuestra tribu. Nos animamos mutuamente a permanecer en el grupo y a demonizar a los ajenos.

    El individualista se convierte así en una amenaza, una discordia en el colectivo. Se verá despreciado por la multitud, y deberá resistir la presión de grupo o sucumbir. Si persiste en su negativa a conformarse, sufrirá continuamente la violación de su libertad, el robo de sus bienes y el ostracismo por su inconformismo.

    Dado que cualquier acción política emprendida por el grupo es, por definición, la “correcta”, todo tipo de abusos contra el individuo pueden ser justificados. La mayoría siempre ostenta la superioridad moral, al menos en su propia mente, simplemente por ser la mayoría. Con el tiempo, tolerar la disidencia deja de ser una opción viable, ya que los disidentes impiden la utopía. Ya no se trata de aceptación, sino de castigar a los malvados. Los forasteros se convierten en un mal que debemos erradicar. Herejes que necesitan iluminación, o se enfrentarán con la justa ira de la mayoría.

    Los inconformistas vetados de las plataformas de redes sociales asumen de inmediato intenciones políticas o malintencionadas por parte de estas empresas. Sin embargo, no necesariamente desean limitar la libertad de expresión, sino que actúan impulsados ​​por el pensamiento colectivo. Viven en una burbuja, dentro de la mentalidad de rebaño que impone límites a la libertad de expresión. La libertad de expresión está protegida a menos que pueda poner en peligro al colectivo. Las voces que vienen del otro lado de la valla son peligrosas; no son familiares para el rebaño; no son seguras; son los sonidos de lobos que vienen a amenazarlos. Quienes viven dentro de la burbuja se agruparán naturalmente para protegerse del depredador externo. Actúan como su amo/granjero les ordenaría; protegen al rebaño, a su familia.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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