El rothbardianismo en el centenario de Rothbard

    0

    [Conferencia dictada en la celebración del centenario del nacimiento de Murray N. Rothbard, 27 de Junio de 2026 – Oporto, Portugal. Diapositivas aquí]

    Gracias, Manuel, por la invitación y por hacer posible este evento.

    El Manifiesto Comunista fue publicado el 21 de Febrero de 1848. Sesenta y nueve años después, los bolcheviques marxistas, la mayoría de los cuales no eran realmente rusos –el 85% eran judíos–, tomarían el poder en Rusia mediante un golpe de estado. El movimiento marxista se consolidó en el poder durante siete décadas.

    El movimiento abolicionista se gestó en el Reino Unido entre figuras religiosas cristianas. Los Quakers fueron los principales fundadores de la Sociedad para la Abolición del Comercio de Esclavos en 1787. Veinte años después, en 1807, lograron poner fin al comercio de esclavos británico. Y en 1833, cuarenta y seis años después de la fundación de esta sociedad abolicionista, sería lograda la abolición de la esclavitud en todo el Imperio Británico.

    En 2014, Stephan Kinsella dictó una conferencia titulada “El libertarismo cincuenta años después: ¿Qué hemos aprendido?”, en la que estimó que el movimiento libertario comenzó entre 50 y 60 años antes. Así es que en 2026, en el centenario de Murray Newton Rothbard, el movimiento libertario tendría entre 60 y 70 años. Y antes de eso, hace 80 años, Leonard Reed creó la Fundación para la Educación Económica, que incluso contribuyó a la publicación de Human Action de Ludwig von Mises.

    Huelga decir que, en comparación con el movimiento marxista y el abolicionista, en términos de resultados prácticos el movimiento libertario ha fracasado.

    Los abolicionistas británicos querían la abolición de la esclavitud y, en pocas décadas lograron su abolición en todo el Imperio Británico. El movimiento libertario, formado por minarquistas y anarcocapitalistas, abogaba por un estado mínimo o por la abolición del estado. Por lo tanto, si hubiera tenido el mismo éxito que el movimiento abolicionista antiesclavista, el estado –más allá de sus funciones de protección y justicia– ya habría sido abolido al menos en todo el Imperio Americano, que es donde tuvo su origen el movimiento libertario. Comparemos la fundación de la Sociedad Abolicionista, que 46 años después abolió la esclavitud en el Imperio, con la creación de la Fundación para la Educación Económica (FEE) en 1946, hace 80 años: el minarquismo que defendían sólo ha retrocedido, y el estado no ha hecho más que crecer.

    Llevamos seis o siete décadas del movimiento, y cien años desde Rothbard, sin apenas resultados prácticos que mostrar; sólo tenemos a un falso libertario que llegó a ser presidente de Argentina, y no hizo nada para acabar con el estado ni para reducirlo … al contrario, lo incrementó.

    Creo que hoy sólo los libertarios más ingenuos quieren “cambiar el mundo”, porque el resto sólo queremos que nos dejen en paz, en nuestro rincón. Por eso la secesión es nuestra principal bandera política. Pero aún no hemos logrado una sociedad libre en ningún lugar del planeta. Y ni siquiera necesitábamos un país grande, ya que no hay muchos millones de libertarios en el mundo. La mayoría rechaza lo que ofrecemos. No quieren libertad. Quieren un líder. Quieren seguridad, estabilidad. Quieren que les den órdenes … prefieren seguir siendo esclavos. O lo que sea que quieran.

    Así que, un pequeño territorio sería un buen punto de partida. Tenemos muchos proyectos libertarios, como Seasteading, Free Cities y el Free State Project en New Hampshire. Y entre estos proyectos, hay un intento prometedor en marcha en una pequeña isla fluvial entre Croacia y Serbia: Liberland. Liberland ha contado con la colaboración de tres de los más grandes austro-libertarios rothbardianos del mundo actual: Stephan Kinsella, Alessandro Fusillo y Hans-Hermann Hoppe. El 19 de Diciembre del año pasado estuvieron en un evento de Liberland, en el que dieron una conferencia y debatieron sobre su constitución. Si, teniendo en cuenta los consejos de estos tres maestros, este proyecto se vuelve viable, tendremos algo práctico y valioso que mostrar en el futuro. Pero eso no es lo que está sucediendo ahora mismo.

    Si viviera, Rothbard celebraría su centenario viendo que, en el logro de sus objetivos, el movimiento libertario está muy por detrás de los movimientos abolicionista y comunista. Y eso no es todo. También presenciaría una grave crisis dentro del rothbardianismo, con instituciones e individuos traicionando su legado.

    Pero sin duda tendría también mucho que celebrar. Sus ideas han crecido enormemente en popularidad, y personas e instituciones hacen justicia a su legado.

    Rothbard fue un economista austriaco, pero ser economista austriaco no implica ser rothbardiano. En economía, Rothbard era misesiano. Por lo tanto, para ser rothbardiano, uno debe ser misesiano; es decir, comprender la ciencia económica como una rama de la praxeología. La economía es una ciencia axiomática, lógico-deductiva. Ésto significa que sus proposiciones tienen el mismo status que los axiomas de las que se derivan. Es decir, son irrefutables. Ésto es muy diferente de ser hayekiano. Friedrich Hayek era wieseriano, influenciado por Karl Popper, quien rechazaba la praxeología.

    Rothbard fue el economista más importante y destacado después de von Mises. Pero Rothbard no era sólo economista. Por lo tanto, ser praxeólogo no significa ser rothbardiano. Rothbard era polímata, con profundo conocimiento en diversas ciencias. Pero el rothbardianismo se caracteriza por la ética rothbardiana y las implicancias de esta ética en su filosofía política.

    En este sentido, Rothbard se distancia de von Mises. Rothbard no es misesiano en ética y filosofía política, sino sólo en economía. Por lo tanto, ser misesiano completo es diferente a ser rothbardiano completo. Y cuando digo “completo” o “verdadero”, conviene aclarar que ser rothbardiano no significa estar de acuerdo con todo lo que Rothbard dijo sobre todo. No formamos parte de una secta. Si bien son verdaderos o completos, los rothbardianos discrepan con Rothbard en algunos puntos. Por ejemplo, Kinsella discrepó con Rothbard en algunos enfoques sobre la propiedad intelectual. Los corrigió y desarrolló, utilizando el marco rothbardiano, y podemos decir que los rothbardianos de hoy son kinsellianos en materia de propiedad intelectual. Otro ejemplo: Hoppe discrepó con Rothbard en su visión positiva de la democracia como evolución, y también podemos decir que los rothbardianos de hoy son hoppeanos en lo que respecta a la democracia. La mayoría de los rothbardianos discrepa de la postura de Rothbard sobre el aborto, pero eso no los hace menos rothbardianos.

    Sin embargo, existen cuestiones en las que es imposible discrepar con Rothbard y seguir siendo rothbardiano, ya que son contrarias a su misma esencia. Por lo tanto, von Mises no es rothbardiano, y Rothbard no es misesiano, porque von Mises no era anarcocapitalista. Como todos los liberales, von Mises era una contradicción andante. La contradicción de von Mises de la que Rothbard se liberó –y de la que nos liberó a todos–, era la de “atacar a los monopolios, pero al mismo tiempo defenderlos”. Von Mises concluyó que los monopolios son malos.Todo lo que es ofrecido a través de monopolios es más caro y de menor calidad que si fuese ofrecido en el libre mercado. Pero defendió la provisión monopólica de servicios de justicia y seguridad por parte del estado.

    Al igual que Gustave de Molinari antes que él, Rothbard superó esta contradicción y defendió la producción privada de seguridad y justicia. Así pues, podemos decir que el rothbardiano por excelencia es praxeólogo anarcocapitalista. Pero Rothbard no se limitaba a eso, y ser un verdadero rothbardiano requiere más.

    Ser rothbardiano implica tener pasión por la justicia. Pero pasión y odio van de la mano. Por lo tanto, también es necesario odiar la injusticia. Rothbard lo dejó claro en su artículo “¿Odia Ud. al estado?” Allí se compara con otro anarcocapitalista, David Friedman. Friedman realiza un análisis frío, y concluye que una sociedad sin estado sería superior a una con estado. No es que el estado sea particularmente malo, sino que existe una mejor alternativa. No odia a la institución más criminal y asesina de la historia. No muestra ninguna emoción ante la interminable lista de injusticias perpetradas por el estado. En este punto, Rothbard afirma que prefiere a los minarquistas, los que demuestran odio al estado, antes que a los anarcocapitalistas indiferentes.

    Para ser considerado un verdadero rothbardiano, uno debe odiar al estado y desear su abolición cuanto antes. En su libro The Ethics of Liberty, Rothbard escribió:

    El libertario debe tener pasión por la justicia, una emoción que se origina y se canaliza a partir de su percepción racional de lo que exige la justicia natural. La justicia, y no los débiles discursos dictados por la mera utilidad, debe ser la fuerza motriz para alcanzar la libertad … (y) ésto significa que el libertario debe ser un “abolicionista”; es decir, debe desear alcanzar la libertad cuanto antes… debería ser un abolicionista que, de poder hacerlo, aboliría instantáneamente toda violación de la libertad.

    Rothbard también creía que el libertarismo por sí solo no bastaría para lograr y mantener una sociedad libre, y consideraba el conservadurismo cultural como un presupuesto sociológico del libertarismo.

    Además, otra característica fundamental de un rothbardiano es el revisionismo histórico. En la charla “Madurando con Murray”, Hoppe relata que una de las dos principales lecciones que aprendió en los 10 años que pasó a diario con Rothbard, fue la de ser revisionista.

    En nuestras numerosas conversaciones, aprendí de Murray la importancia de complementar la teoría austro-libertaria con el revisionismo histórico, para presentar una evaluación verdaderamente realista de los acontecimientos históricos y los asuntos globales. … Sobre todo, fue Murray quien me enseñó a no confiar jamás en la historia oficial, invariablemente escrita por los vencedores, sino a efectuar toda investigación histórica como un detective que investiga un crimen.

    Y por último, pero no menos importante, un rothbardiano debe ser pacifista. La oposición a la guerra fue la pieza fundamental en la formación de la filosofía de Rothbard, que tuvo su origen en la Vieja Derecha estadounidense. La Vieja Derecha estadounidense era un grupo que se unió contra el New Deal y contra la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El asunto de la guerra era tan importante para Rothbard que, más adelante en su vida, incluso intentó una alianza con la izquierda, únicamente por su oposición a la guerra de Vietnam. Pero, sobre todo, la oposición de Rothbard a la guerra provenía de su oposición a la agresión. Y la guerra es la agresión suprema. Implica una mayor injerencia estatal en la economía y asesinatos y destrucción a gran escala.

    En síntesis, el verdadero y auténtico rothbardiano debe ser:

    1. Praxeólogo misesiano
    2. Anarcocapitalista
    3. Abolicionista que odia al estado
    4. Conservador cultural
    5. Revisionista histórico
    6. Antibelicista

    Entonces, ¿qué tenemos del verdadero y del falso rothbardismo hoy, en el centenario del nacimiento de Rothbard?

    Primero, hablemos del primer presidente electo en la historia que se autodenominó anarcocapitalista rothbardiano, Javier Gerardo Milei. Milei no es un praxeólogo. Su discurso económico se basa en gran medida en estadísticas, y no rechaza las escuelas económicas positivistas que, epistemológicamente, son diametralmente opuestas a la Escuela Austriaca. Ya era posible apreciar la confusión intelectual de Milei en los nombres que dio a sus cuatro perros clonados: Murray, Milton, Robert y Lucas. Mezcló positivistas con austriacos, conceptos que son incompatibles. ¡Un tipo que considera a Ben Bernanke uno de los mejores economistas de la historia, y dice que salvó al mundo! Jamás podría ser considerado un austriaco.

    Claramente Milei no es abolicionista del estado, puesto que recibió el mandato electoral de abolir la principal fuente de dinero y poder del estado, el banco central, y no lo hizo. Al contrario: ¡Salvó al banco central de Argentina!

    Milei no es un revisionista histórico; al contrario, acepta sin cuestionar la historia oficial, hasta el punto de considerar al villano Churchill como su gran héroe.

    Y lo peor de todo, Milei no es pacifista, sino todo lo contrario. Mientras que Rothbard identificó sólo dos guerras como justas en la historia (la secesión de las trece colonias americanas, y el intento de secesión del Sur), Milei considera justas todas las guerras de agresión del Imperio estadounidense. Apoyó con vehemencia la guerra indirecta de Estados Unidos contra Rusia en Ucrania, el genocidio israelí patrocinado por Estados Unidos en Gaza, y la actual guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

    Milei es el arquetipo del falso rothbardiano. Y aunque muchos estadounidenses no le prestan atención, denunciar el fraude que representa Milei es una de las misiones más importantes en este periodo del centenario de Rothbard. Por eso, uno de los mayores defensores del rothbardianismo en la actualidad es el músico paraguayo Oscar Grau, quien ha dedicado gran parte de su energía a combatir no sólo la farsa de Milei, sino también a sus apologistas dentro del movimiento austro-libertario, como Phillip Bagus y Jesús Huerta de Soto.

    Además de estos dos propagandistas, existen otros que quizás no se consideren seguidores de Milei, pero cuyas posturas respecto de Milei y sus propagandistas revelan sus verdaderas prioridades. Milei se encuentra actualmente en el centro de una crisis institucional que sacude al rothbardianismo en el centenario del nacimiento de Rothbard.

    En los últimos años hemos tenido tres problemas que sirvieron como pruebas rothbardianas para individuos e instituciones: covid, Ucrania e Israel. La mayoría superó la primera prueba. Cuando comenzó el alarmismo globalista en torno de la pandemia del covid, prácticamente todos los rothbardianos e instituciones libertarias alzaron la voz para oponerse a esta tiranía impuesta a la humanidad: LewRockwell.com, Instituto Mises, Instituto Ron Paul, Instituto Libertario, Fundación Futuro de la Libertad, Instituto Americano de Investigación Económica, FEE … Sólo las instituciones que ya sabíamos que no eran libertarias permanecieron en silencio o se pusieron del lado de la tiranía … como Reason y Mises Brasil, que abogaban por quedarse en casa, las vacunas, e incluso vendían mascarillas. El negocio de las mascarillas es interesante porque, para mí, fue la primera señal de que algo andaba muy mal con Milei. En ese momento, seguía a Milei en las redes sociales, y estaba haciendo campaña para un escaño el Congreso. Haciendo campaña en las calles, al aire libre, aparecía usando una mascarilla todo el tiempo. El caso es que casi nadie a su alrededor usaba mascarilla. Así que ni siquiera era una obligación. Milei creía realmente en ello. Una medida absolutamente ridícula que cualquiera podría descubrir en cinco minutos de investigación que el peligro es mil veces mayor que el del virus. Pero ahí estaba él, exhibiendo cada día este símbolo del miedo inducido por la dictadura del covid. No lo soporté y dejé de seguirlo. Luego terminé dejándolo pasar, diciendo: “Está bien, no es un verdadero libertario. Pero es alguien que anda por ahí diciendo que los impuestos son un robo y que va a abolir el banco central, etc.”.

    La guerra en Ucrania fue otra prueba que la mayoría de los libertarios superaron. Y en ésta, Milei fracasó. En Brasil, hubo uno de los pocos que también fracasó: un youtuber que se autodenomina anarcocapitalista y que, debido a su popularidad, desvió a muchos potenciales seguidores de Rothbard.

    Y en la tercera prueba, la de Israel, Milei fracasó estrepitosamente. Y aunque la mayoría de los libertarios la superaron, esta prueba también le falló a uno de los libertarios más importantes del mundo hasta entonces: Walter Block. Muchos lo consideraban uno de los tres mayores seguidores de Rothbard, junto con Lew Rockwell y Hoppe, y superó las dos primeras pruebas con mérito. Pero su postura perversa a favor de Israel y sus guerras, reveló que no es rothbardiano, ni siquiera libertario. Demostró que nunca dejó de ser un randiano colectivista y genocida.

    Por supuesto, defender la monstruosidad de Israel en Gaza es absolutamente incompatible con el rothbardianismo, pero las instituciones y las personas que no se opusieron o simplemente guardaron silencio ante el genocidio de Gaza tampoco pueden considerarse rothbardianas. ¿Qué pasa con quienes no se oponen a quienes defienden activamente las atrocidades de Israel? (como Block y Milei) ¿Cómo afecta ésto al grado de rothbardianismo?

    Ésto nos lleva a la principal crisis institucional en el centenario de Rothbard. Una crisis dentro del instituto que fundó y del que fue director académico hasta su muerte, y que fue la piedra angular del rothbardianismo en todo el mundo: el Instituto Mises.

    Al convertirse en propagandista de Milei, Jesús Huerta de Soto no sólo traicionó al rothbardianismo, sino también su catolicismo, al apoyar a un agente de Jabad-Lubavitch, una secta judía que odia a Cristo. El judaísmo en sí mismo ya es un culto basado en el odio a Jesucristo. Jabad es aún peor. Pero la crisis institucional en cuestión salió a la luz cuando este apologista de Milei fue invitado a hablar en la Conferencia de Académicos Austriacos de este año. Tras esta invitación, Hoppe publicó el libro conmemorativo del centenario de Rothbard, con una introducción muy crítica hacia Milei. Al parecer, para no disgustar al invitado de honor de su conferencia, el Instituto Mises se negó a publicitar el libro y la introducción.

    Luego, Huerta de Soto dio su conferencia, en la que calificó a Milei como el mayor héroe austro-libertario de todos los tiempos, y fue aplaudido. Lo curioso es que considera a Milei un héroe por algo que en realidad es la mayor tragedia del fenómeno Milei: que atrajo la atención de un público masivo hacia las ideas austro-libertarias. Pero ésto es terrible, porque ahora este público asocia al libertarismo y la Escuela Austriaca con el sionismo. Política inflacionaria, guerra, censura, genocidio y todas las demás imbecilidades que Milei ha estado defendiendo y practicando. La reputación de la Escuela Austriaca está siendo empañada por este fraude. Y tal vez ya hayamos perdido el término “libertarismo” para siempre. Tal vez necesitemos un nuevo nombre.

    Después de eso, Hoppe publicó un artículo, “Mises Institute: Quo vadis?” El informe del Instituto reveló lo que se escondía tras toda la crisis institucional que culminó en este oscuro momento para el rothbardianismo. Expuso un esquema de incentivos y conflictos de interés dentro de la institución, que involucraba más de U$S 70 millones. Ésto explicó en gran medida por qué el instituto abandonó el rothbardianismo y abrazó a los apologistas de un fraude monumental. ¿Hacia dónde va?, era la pregunta. Y el Mises Institute ya se ha ido. ¿Hacia dónde?

    Lejos del rothbardianismo. Expulsó a Hoppe y se quedó con los apologistas de Milei. Se distanció del radicalismo intransigente y ha promovido a liberales y hayekianos. Todavía tiene buenos colaboradores y buen contenido, pero ya no es una fuente fiable para los rothbardianos. Ahora es necesario filtrar este contenido para evitar consumir impurezas. O venenos. El puesto de fuente fiable lo ocupa el blog y el journal de Property. Y en el Instituto Rothbard, intentamos ser fieles al legado de Rothbard, dando exclusividad a la praxeología y el anarcocapitalismo, publicando mucho revisionismo y contenido culturalmente conservador. Y siempre estamos luchando contra la guerra. Es uno de los asuntos más recurrentes.

    Bueno, pronto tendremos la primera conferencia de Hoppe desde el estallido de esta crisis y su ruptura con el Instituto Mises, y quizás podamos vislumbrar el estado actual y el futuro del rothbardianismo en el mundo. Hoppe es no sólo el principal heredero intelectual de Rothbard, sino que también ha asumido el papel de faro del austrolibertarismo rothbardiano.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

    LEAVE A REPLY

    Please enter your comment!
    Please enter your name here